lunes, 29 de diciembre de 2025

 Aceptar el desamparo existencial como una incógnita de la vida.

¿Soy una variable azarosa de esta obra, o un ojo organizador me conoce y me orquesta hasta el más mínimo electrón?

Me hago amiga de mi propio descontento.

Nada está bien o mal; ese momento preciso es la vida.

No hay nada que reparar.

El camino conduce hasta aquí, y hay una razón —al menos aparente— para vivirlo.

Sanar o reparar es aceptar, sin más: tomar con los brazos abiertos.

Nada está roto; la imperfección es la gran firma del divino autor.

Es, y no es.

En la duda se expresa la fe más firme.

Mi desnudez dogmática navega en los cimientos aéreos.

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