Aceptar el desamparo existencial como una incógnita de la vida.
¿Soy una variable azarosa de esta obra, o un ojo organizador me conoce y me orquesta hasta el más mínimo electrón?
Me hago amiga de mi propio descontento.
Nada está bien o mal; ese momento preciso es la vida.
No hay nada que reparar.
El camino conduce hasta aquí, y hay una razón —al menos aparente— para vivirlo.
Sanar o reparar es aceptar, sin más: tomar con los brazos abiertos.
Nada está roto; la imperfección es la gran firma del divino autor.
Es, y no es.
En la duda se expresa la fe más firme.
Mi desnudez dogmática navega en los cimientos aéreos.

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