Se enmudece el alma
cuando lo absurdo corrompe incluso las máscaras.
Silencio negro. Desasosiego.
Los pilares de la aparente realidad se derrumban.
Muere la esperanza. Se marchita el alma,
ahora incrédula, desorientada.
Amilde Z.
Se enmudece el alma
cuando lo absurdo corrompe incluso las máscaras.
Silencio negro. Desasosiego.
Los pilares de la aparente realidad se derrumban.
Muere la esperanza. Se marchita el alma,
ahora incrédula, desorientada.
En la desanimada tarea
de bajar el cielo a la tierra,
los titanes se cansaron de jugar.
El Gran Jugador del tablero
se aburrió del mismísimo juego.
El pequeño hámster cósmico
sigue rulando, incesante,
en la jaula solemne del engaño.
El observador de lo observado
se rasca la barriga.
¿Hacia dónde vamos?
Aceptar el desamparo existencial como una incógnita de la vida.
¿Soy una variable azarosa de esta obra, o un ojo organizador me conoce y me orquesta hasta el más mínimo electrón?
Me hago amiga de mi propio descontento.
Nada está bien o mal; ese momento preciso es la vida.
No hay nada que reparar.
El camino conduce hasta aquí, y hay una razón —al menos aparente— para vivirlo.
Sanar o reparar es aceptar, sin más: tomar con los brazos abiertos.
Nada está roto; la imperfección es la gran firma del divino autor.
Es, y no es.
En la duda se expresa la fe más firme.
Mi desnudez dogmática navega en los cimientos aéreos.
Tu piel se desliza,
suavidad de mantequilla sobre mi alma.
Tu aroma me invade,
elixir secreto que despierta cada poro.
Tus ojos me desnudan:
fuego encendido,
chispa que arde en mi cáliz sagrado.
Tu abrazo es música:
armoniza,
pero también embravece mis aguas.
Eres caos necesario:
me rompes,
me desordenas,
y en ese desorden suavizas mis estructuras.
Tu luz,
tus sombras,
despiertan en mí ángeles y demonios.
Y yo, más humana,
entro en mis heridas
para sentirlas,
para abrazarlas.
Y así, tú también humano,
te amo en lo imperfecto,
te amo en los errores y horrores,
te amo sin razón aparente,
más que por tu luz
y tu negrura.
*El fluir de la existencia*
¿Pueden coexistir estados paradójicos en el camino? Altibajos de locura que se suceden como la noche y el día, lo bello y lo repulsivo en un solo parpadeo.
La vida es una línea ininterrumpida de acontecimientos y paisajes cambiantes, donde nada se detiene. Detenerse es interrumpir el propio fluir de la existencia. Hay dolor, hay sufrimiento, pero también un impulso misterioso que nos empuja a seguir avanzando. La vida no se detiene a preguntarse qué vendrá después ni pide permiso. Simplemente ocurre.
El camino es el surco donde la experiencia se despliega, donde las infinitas variables de la existencia aguardan a ser recorridas para cobrar sentido. Todo está ahí, esperando. La dicha y el tormento son solo estaciones de paso, porque nada es permanente ni existe apego capaz de retenernos en el fugaz instante de un día.
Camino. Me muevo con la vida, o es la vida la que me mueve. Y esa es la fe que mueve montañas, o al menos el motor de mi cuerpo, que ya es mucho. La confianza no es más que entregarme al siguiente paso, rendirme al flujo, porque lo desconocido me espera, pero lo incierto jamás será eterno en esta senda de estrellas.
(Camino del Norte a Santiago de Compostela - 321 km recorridos - 12 etapas)
Anclate en la belleza de tu propio espíritu.
Aun en mares turbulentos, que tu conciencia sea un faro
que no se canse de emitir ecos de luz para regresar.
Recuerda siempre quién eres,
y elígete por sobre todas las cosas.
Si te pierdes, búscate con la fuerza de un imán
que ansía la fusión:
ese abrazo con el alma que es casa y eternidad.
Atraviesa con la espada de tu verdad
las diferentes capas de la realidad.
Mantén el foco.
El espíritu nunca abandona
y vive en la ecuanimidad.
Respira con la fuerza de la vida
siempre que haya tristeza.
El aire mueve la neblina,
y el sol siempre vuelve a calentar.
Ámate. Y ámate.
Elígete. Reafírmate.
Y cuando el mundo se vuelva ruido,
sé tú la melodía que recuerde el camino.
Amilde Zanassi
Duele en lo profundo caminar sin mirar atrás,
saltar la grieta y atravesar el puente tambaleante de lo incierto.
Duele en lo profundo morirse en vida, encarnar el corazón al rojo vivo de la herida. Cada lágrima de sal escuece aún más las huellas del recuerdo.
Duele la música, duelen los paisajes caminados, duelen los abrazos registrados en la piel.
Todo es sinsentido.
Duele morirse, aún habiéndolo elegido.
El remolino de negrura envuelve a uno y lo arrastra al pozo hueco, vacío sustancial de abortos y sueños cohibidos.
Duelen los rostros del ayer,
clavados como espinas en el jardín de los recuerdos. Molesta la luz sin ser absorbida.
Duele y reconforta abrazar a la muerte y mecerse en su regazo, dejando morir a la niña atrapada en la crisálida insípida.
Estremece y desnuda ver a la muerte de frente,
Ella disuelve con sus ojos
cuerpo, alma y mente.
Creo ser lo erróneo, a la vez que soy lo correcto, y nada, y todo, y un sinfín de interrogantes.
Me desquito, capa a capa, de pieles invisibles que me confunden. Me vuelvo pequeñita, vulnerable, al punto de inicio o de vacío. Me contraigo.
Permanezco desnuda, sosteniendo el no espacio. Me habito allí. No hay color, no hay aroma, no hay Verbo. No hay cuerdas que me sujeten a la salvación del ego.
Las piernas tiemblan, los pies intentan echar raíces en un pantano inseguro. Permanezco. Respiro. Me asiento. Todo es destrucción en el juicio final de mis creencias. La espada de la verdad corta las miles de formas de estas cabezas abrumadas.
Hay un sonido desolador de ultratumba. Es el silencio luego de la guerra.
Y permanezco. Sostengo. Me habito sin hábitos, me habito sin sueños. Me habito en el único abrazo sincero de mi piel descubierta. Tiemblo. Hay miedos. Hay una soledad compañera.
Existe una puerta trasera y pequeñita en el gran territorio interno. Ese es el acceso inconfundible al centro. Una luz acogedora se intuye desde fuera. Ingreso. No hay adornos. No hay matices. El ambiente se torna seguro. Es la dimensión detenida, casi suspendida en la no existencia.
Existo y me habito. Respiro. Soy Eso, muy desmenuzado, muy pelado al ras hasta llegar al corazón y al hueso.
Poetisa,
tu que en tu interior albergas el néctar de cada palabra. Los versos son tu miel invisible que reparan las hendijas por donde se colaron la tristeza y la nostalgia.
Atesora en cada respiración la imagen del recuerdo, que luego será parida a la vida con tu voz.
Teje y entreteje con tu dulzura
las realidades en donde vive tu alma.
Compone un mundo de aguas,
donde la luz tiña cada rincón.
Y si se inunda tu corazón,
que sea de intensidad poética,
que sea de música relatada
Y de realidades oníricas e imaginarias.
Que tú poesía sea el salvavidas que te mantenga a flote en las tormentas,
Que los paisajes sean las musas de la Creación para hacerte vibrar en cada fibra,
Que el sentir sea siempre cálido y derrita el hielo del desamparo,
Que tus versos sean los compañeros de tu silencio,
Que las memorias preciosas de tus retinas encuentren el modo de emerger en cantos
...Que no se apague nunca tu música...
Soy de barrancos y mates dorados,
besados por sol litoraleño.
De jacarandás que salpican el suelo y
de ombúes fuertes que abrazan al pueblo.
Soy hija del Paraná,
como la flor de Irupé que se pasea majestuosa en sus corrientes.
Soy de siestas en el campo
y de silencios calurosos de laguna.
Soy de zambas y chacareras,
y de algún tango en ciudad melancólica.
Soy hermana de poetas tristes,
de músicos incógnitos y pintores invisibles.
Soy de Tierra sin límites,
de campos bañados de trigo que espejan al cielo.
Soy de aire fresco y de luciérnagas,
Y de estrellas del Sur en las noches de misterio.
Soy de nostalgia más que de fuego,
Y de raíz más que de vuelo.
Se tensan las cuerdas del cotidiano
Rompiéndose la armonía aparente.
Embriaga el alma,
ese aire fresco,
cómo esas ráfagas que abren ventanas a lo desconocido.
Interna primavera, dulce de miel y canela.
Aquella melodía susurra nuevas respuestas,
y caricias de antaño que dejan a un vientre y a un corazón extasiado.
La serpiente se muerde la cola,
Conviven en el no-tiempo
la ensoñación y la carne.
Portal de inframundo, rumbo norte. Rincón del Cielo con pocas estrellas ..
Abro tu puerta,
y custodio tu antesala con tenue luz.
Las voces frías de los ancestros llaman.
Se rompe la crisálida, y piden que abra las alas, mariposa de transformación.
Las células vibran memorias, las aguas se arremolinan. Las caracolas llaman con sonido estridente.
Espíritus en ambos lados del velo danzan juntos.
La realidad se antoja un fractal. La gran abuela araña se congratula de su gran tejido.
Y hebras de luna que tiran de mi, me transfiguro.
Estoy pendiente de un hilo.
Un soplo de vida me devuelve a este cuento.
Piso firme, camino esculpiendo el sendero del presente.
Plumas de guacamayo despejan mi visión.
La brújula interna son mi útero y mi corazón.
¿Tiempo de paciencia, inacción... O acción interna...?
Tiempo de escucha, o quizás silencio, tiempo de maduración...
...Aceptación, resignación?
Tiempos de ha-bi-ta-ción... De habitarse el cuerpo, el pensamiento, de habitarse la sangre y todos sus recuerdos.
Tiempos de creer o des-creer? Tiempo de romper, caer a pedazos y re-construir.
Destruir para morir,
y así vivir,
y seguir construyendo.
Peregrinar es una metáfora del viaje del Ser humano a su espíritu, una metáfora del Gran Camino hacia su más alto destino.
Inicié esta peregrinación sin un propósito en concreto. Solo sabía que la meta era Compostela, y que el camino abriría el por qué y para qué. No había que llegar a ninguna parte, aunque Santiago marcaba el final, sin darme cuenta que Santiago era yo, lo buscado y la buscadora.
Campo de estrellas sobre mi cabeza, diversos paisajes, pasos simples a ritmo de hormiga trascendiendo el dolor. Un dolor mio, un dolor compartido, un dolor tuyo y de toda la humanidad.
El sendero Luminoso que seguía la Vía Láctea guardaba el recuerdo centenario de los rezos y sudor de cada peregrino, sus sueños y sus viejas pieles impresas en la tierra como marcas de fuego. Yo soy ellos, soy el camino y soy el instante presente de mi mente rendida en mis pies raíces.
De Luna nueva a Luna llena, danzo mi vida entera entre ríos, Montañas y rutas que desdibujan poco a poco quien soy, o quizás quien era. Y qué más da quien Soy ni a donde voy? El camino es estar en la aventura de estar viva, el viaje épico de la búsqueda interior.
No hay inicios ni finales, no se llega a ninguna parte. Mi último paso es el primero de muchos en este hilo permanente del existir.
Gracias Vida
Cuando el sonido se teje en el silencio
El espacio y el tiempo se bañan de aguas invisibles.
Son aguas del néctar de la Diosa bendiciendo y purificando, fertilizando e impregnándolo todo de Origen Divino.
Al escuchar el Sonido Sagrado, nuestra mente se disuelve en el océano infinito y todo a nuestro alrededor se baña de manantiales acústicos que resaltan la belleza del Opus Magnum de la manifestación.
"Yo soy Una con la gran sinfonía del Cosmos"
"Yo soy el Verbo hecha cuerpo"
En la simpleza de un corazón tranquilo
Mora la belleza del alma humana.
No hay florituras ni ruido
sólo un desierto y vacíos.
La luz alumbra y lo penetra todo. No hay escapatoria ni atajos, no hay escondites.
Quién eres? Hacia donde vas? Qué Verdad palpita tu corazón?
Peregrinas ligera en este desierto infinito. Vas libre de peso, llevando grabadas en la piel las historias del espíritu eterno.
Cada paso más cercana a tu reencuentro.
Noche estrellada, Conciencia testigo de todos tus pensamientos. Cuál es tu valor y calibre? Solo queda ello, todo lo demás son espejismos.
Libertad de Ser, sin necesitar parecer. Rostro desnudo al Sol y cuatro vientos,
ojos que hallan la mirada del Dios adentro.
Tu alma conoce el camino de regreso a casa.
Así como un río es movido sin dudas hacia el océano por una fuerza invisible, nuestra alma es movida hacia Dios siguiendo la luz de la estrella de nuestro destino.
Por qué nos alejamos de nosotros mismos?
El curso del río de nuestra propia vida es atraído por los paisajes exactos donde está llamado a actuar. Alma y destino danzan juntos en abrazo cuando ya no hay lucha, cuando no hay resistencias a dejarse Ser el deseo de la existencia.
Hay un movimiento frenético del orden Divino que arrastra a estos amantes a encontrarse- alma y propósito, vida y destino- para explotar en éxtasis cuan entrada del río en el mar.
Cristal bendito que la vida traes
El Cielo, despierto
se ama cada día en tu reflejo
Espejo de agua
Que inundas mi ser
Manto rosado del amanecer
Benditos mis ojos, que belleza ven
Manto dorado, Sol de atardecer
Noche profunda
Coronada de luna
Mueve las aguas oscuras
Donde polvo de estrellas dan su bendición


Miradas de reojo, desafiantes.
Sus picos competían por alcanzar la mejor parte
alimentando, más y más, al deseo egoísta
Pero sólo aplacarían sus sentidos insaciables
durante un breve rato.
Por fortuna
siempre se podrán encontrar aves más nobles
volando en lo alto

Foto: Sofi Gentiletti
Foto de Sofi Gentiletti
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