En la desanimada tarea
de bajar el cielo a la tierra,
los titanes se cansaron de jugar.
El Gran Jugador del tablero
se aburrió del mismísimo juego.
El pequeño hámster cósmico
sigue rulando, incesante,
en la jaula solemne del engaño.
El observador de lo observado
se rasca la barriga.
¿Hacia dónde vamos?
